“El daño más grande que le pueden a hacer a un ser humano, es que le desaparezcan a un familiar”, dice Paulina Mahecha con determinación. Su hija, la enfermera María Cristina Cobo, fue detenida y torturada por paramilitares del Bloque Centauros, el 19 de abril de 2004. Como otras miles de madres de hijos desaparecidos en Colombia, Paulina no ha parado de buscar la verdad detrás de la desaparición de su hija ni de presionar a las autoridades para que los responsables señalen el lugar exacto donde la enterraron.
En julio de 2017, Paulina viajó a Bogotá desde Villavicencio para poner un derecho de petición contra alias Richard, uno de los principales autores del crimen y quien según sus fuentes, estaba tratando de salir del país para que no lo mataran. La idea de que “Richard” se fugara, o peor aún, que muriera sin haber confesado el paradero de María Cristina la aterrorizaba.
En todos sus viajes y especialmente cuando su destino final es alguna entidad estatal, Paulina empaca un diario dedicado a su hija que ha ido creciendo con el pasar de los años. En este libro guarda fotografías, dibujos, poemas y documentos que le pertenecían a su hija. “Esto para mí es un aliciente. Es como tener la esencia de ella aquí conmigo”, afirma.
En una hoja del diario, pegó la fotografía del Puesto de Salud de Calamar, lugar donde María Cristina trabajaba antes de su desaparición y que fue renombrado en su honor junto a una placa conmemorativa. También pegó el Almanaque Bristol del año 2004, la foto de su hija sonriente el día de su graduación como enfermera y su pasaporte, un objeto simbólico pues María Cristina estaba ahorrando para estudiar medicina en España. Junto al diario, Paulina también guarda un lienzo. Es una pintura que ilustra la crueldad de los paramilitares, la indiferencia de la Policía y la impunidad del Estado. Paulina ha titulado su obra con la palabra “Tortura”, escrita con letras rojas.
A través de sus pinturas y de su actuación en el grupo de teatro “El tente”, Paulina ha contado la historia de su hija y las vicisitudes de su búsqueda. Cuando era niña, trabajaba como empleada doméstica en una finca. Allí conoció al tente, un ave negra y ruidosa. En algunas regiones de Colombia, los tentes son muy apreciados por alarmar con su canto. En palabras de Paulina: “si el tente ve que viene una culebra, la mata. Si ve que un perro va a morder a un niño, lo cuida. Si ve que una persona extraña llega a su casa, grita. Él es un cuidador de vida.” Inspiradas en el tente, Paulina y sus compañeras cuidan el recuerdo de sus seres queridos y subliman la vida antes de la tragedia.
“Ella soñaba con ser médica para poder ayudar a las personas más desprotegidas. Le gustaban las poesías de Pablo Neruda. En algún lugar del Guaviare se encuentran escondidos sus restos”, recita Paulina mientras contempla la toga de enfermería de su hija. Son sus últimas líneas en el guión de la obra teatral “Anunciando la ausencia”, en la que junto a otras mujeres con familiares desaparecidos, recuerdan y subliman la vida antes de la tragedia.
En 2013 me acerqué a una asociación de familiares de víctimas de desaparición forzada. Cuando empecé a trabajar me di cuenta que ellos hacían muchas cosas pero que no contaban lo que hacían.
Su hija, la enfermera María Cristina Cobo, fue detenida y torturada por paramilitares del Bloque Centauros, el 19 de abril de 2004.
Yo siempre estoy detrás de la imagen del cuerpo violentado, del cuerpo anatómico, del cuerpo pornográfico, y me encuentro ese libro con esa portada de una mujer asesinada, tirada en una escalera.