Proyecto

Conoce a profundidad la construcción social, material y conceptual del Museo.

La Ley 1448 otorga al Centro Nacional de Memoria Histórica la función de “diseñar, crear y administrar un Museo de la Memoria, destinado a lograr el fortalecimiento de la memoria colectiva acerca de los hechos desarrollados en la historia reciente de la violencia en Colombia”. Según la Ley, este Museo “deberá realizar las acciones tendientes a restablecer la dignidad de las víctimas y difundir la verdad sobre lo sucedido”.

Este lugar de memoria constituye un avance en el deber de memoria del Estado y una medida de reparación y satisfacción para las víctimas del conflicto armado.

Con este marco legal, el Estado responde a la exigencia de distintos sectores de la sociedad, especialmente de organizaciones de víctimas y de derechos humanos, sobre la necesidad de implementar políticas de la memoria para el esclarecimiento, la comprensión de la verdad sobre el conflicto armado, la dignificación de las víctimas y la construcción de garantías de no repetición.

¿Por qué un Museo de Memoria Histórica de Colombia?

Por la necesidad de visibilizar la magnitud de la tragedia vivida durante décadas de confrontación bélica y reconocer, reflexionar y debatir sobre las causas y condiciones que desencadenaron el conflicto armado, lo degradaron y lo prolongan en la actualidad. Este será un lugar para que el país pueda encontrar claves para leer críticamente su pasado y construir las condiciones de un nuevo porvenir.

Al mismo tiempo, este lugar pretende reconocer y fortalecer lugares e iniciativas de memoria que se construyen en todo el país. Más que un museo en la capital del país, este es un espacio que se articula, dialoga y visibiliza el trabajo innovador y creativo de memoria de las diversas regiones y poblaciones de Colombia que durante años han soñado con el buen vivir.

¿Para qué un Museo de Memoria de Histórica Colombia?

Para movilizar el pensamiento crítico frente a la construcción de democracia y promover un lugar donde se estimule el debate, la reflexión colectiva y la controversia, donde se valore la pluralidad, la diferencia y se reconozca la alteridad. Para preguntar por el lugar de cada cual en la historia, en su presente y su papel como agente activo en la transformación del país.

Pero en especial para dar lugar a las múltiples narrativas existentes en el país. Para eso debe dar cabida a voces que pongan en diálogo diferentes versiones de la verdad, que disputen su legitimidad. En esa disputa es deber del Museo manifestar su respaldo a las víctimas y a los sectores subalternos, silenciados y excluidos durante años.