Comunidad
Resguardo Huellas de Caloto
Cuando nace un indígena nasa, su cordón umbilical se entierra en el centro del fogón o cerca a la casa

Por: Manuela Ochoa

Cuando nace un indígena nasa, su cordón umbilical se entierra en el centro del fogón o cerca a la casa. El ritual le asegura a la familia que el niño o la niña se conecte con la tierra, se sienta parte de su comunidad y no se avergüence nunca de su origen. Para los indígenas nasa la tierra donde nacen no es un dato. Es la raíz y es el sentido de su existencia.

Para el padre de Maryi Vanessa Coicué, víctima de un misil artesanal de las FARC en 2011, enterrar a su hija fue enterrar un pedazo de él mismo. Los actores del conflicto armado han destruído las casas de los indígenas nasa con explosivos, han sembrado minas antipersonal en sus huertos y han convertido sus escuelas en trincheras.“¿Hasta cuándo los niños tenemos que pagar con nuestra vida?”, se pregunta una de las integrantes de la Orquesta de Instrumentos Andinos del Resguardo Huellas de Caloto, antes de empezar a cantar Sueños de mi niñez.

La Orquesta está conformada por niños y jóvenes provenientes de resguardos indígenas de Huellas, Tóez y López Adentro. Desde hace nueve años, se reúnen mensualmente en la vereda Casas Viejas para tocar las chirimías, las flautas, las quenas, los instrumentos de cuerda y los tambores. Crean canciones y poemas para los niños que no han sobrevivido a la barbarie.

Sus letras resaltan la sabiduría ancestral del pueblo nasa para transformar al país y recuerdan el poder que tiene la esperanza. Richard Escobar, un músico apasionado por los ritmos de la región Andina y la canción social latinoamericana, es el director de la Orquesta. Sus estudiantes le dicen ‘el profe’. Llegó a Caloto en 2003 invitado por la Fundación Caminos de Identidad para crear talleres artísticos que alejaran a los niños y a los jóvenes de los grupos armados y de la drogadicción.

Escobar recorrió las escuelas, entendió la necesidad de recuperar tradiciones y expresar a través de la música andina la vida cotidiana. Desde entonces, la Orquesta ha acogido a más de doscientos niños y en este momento prepara su segunda producción discográfica. Varios integrantes son ahora profesores que enseñan y replican su experiencia en veredas de todo el Cauca.

A pesar de la desmovilización de las FARC, los habitantes del resguardo siguen arriesgando sus vidas ante la aparición de nuevos grupos criminales. La Orquesta se ha convertido en un lugar seguro. Según Escobar, los estudiantes no sólo aprenden música, también comparten tranquilamente sus sentimientos y sus sueños, hacen nuevas amistades y refuerzan las raíces culturales que la violencia les ha querido cortar.

“El arte es el ejercicio y la columna vertebral que permite sensibilizar al niño para no castigar al hombre”, afirma con confianza Escobar. La Orquesta de Instrumentos Andinos del Resguardo Huellas de Caloto se imagina un futuro en el que los niños indígenas vivan y crezcan en paz.

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