Tocando la Marea

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Tocando la marea es una obra de teatro de creación colectiva, construida a partir de varios testimonios de los actores del Semillero teatral por la vida de Buenaventura. En el escenario, el grupo revive el dolor, la pérdida de sus familiares, la privatización del puerto de Buenaventura, la ilegalidad, los cambios en la vida comunitaria y las transformaciones culturales que han dejado los diferentes grupos armados en la región. Para recrear el entorno de las zonas palafíticas de Buenaventura, usan veinte tablas de madera como apoyo escenográfico que se transforman en diferentes objetos. Acompañadas de danzas y ritmos tradicionales del Pacífico, las escenas reconstruyen historias de tres generaciones. De esta forma, buscan transmitir esperanza y resisten pacíficamente.

Buenaventura, en el departamento del Valle del Cauca, al suroccidente de Colombia, sobre la costa del Océano Pacífico, es una población que, pese a tener el puerto más importante del país y recibir por allí, en palabras del antropólogo Arturo Escobar, “el 70% de la globalización, (…) sigue siendo pobre”. La incidencia de la pobreza multidimensional es superior al 60%, el empleo informal sobrepasa el 90% y cerca del 70% de la población tiene un bajo nivel educativo. El agravante de este panorama es que alrededor de un 80% de la población es afrodescendiente y cerca del 5% pertenece a pueblos indígenas, lo cual ha generado múltiples violaciones a sus derechos humanos fundamentales y afectaciones para el ejercicio de sus derechos colectivos en el marco del conflicto armado, en tanto grupos étnicos reconocidos e históricamente discriminados.

El Centro Nacional de Memoria Histórica entregó en junio de 2015 los resultados de la investigación Buenaventura: un puerto sin comunidad. Este informe analiza las dinámicas de violencia en el casco urbano de este municipio durante el período comprendido entre los años 2000 y 2013, como un esfuerzo de reconstrucción de memoria, narrado desde las voces de las víctimas. El objetivo del proceso de memoria emprendido con las comunidades es entender y explicar las dinámicas económicas, sociales y de violencia que han conducido a la continuación y degradación de la disputa armada en este territorio.

El periodo que aborda el informe se caracterizó por la escalada de la violencia generada por la acción armada del  Frente 30 de las FARC y la incursión del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en esta región. Con la llegada de los paramilitares se dispararon los índices de homicidio, secuestro, desaparición forzada, desplazamiento forzado, entre otros. Solamente el Bloque Calima cometió alrededor de 30 masacres en la zona urbana y rural de este municipio.

Mientras que en 1990 se registraron 58 homicidios, en 2000 la cifra llegó a 440. En la década de los 90, el promedio anual de personas desplazadas por causa del conflicto era de 110, en 2004 el número fue 7.020. Después de las desmovilizaciones paramilitares, en 2005 hubo 13.468 personas en situación de desplazamiento.

Tras la desmovilización del bloque paramilitar, hubo una reconfiguración de los grupos armados con difusas identidades y se fortaleció la presencia guerrillera. También salió a la luz pública el fenómeno de las llamadas “casas de pique”, lugares en los que se llevan a cabo desmembramientos de personas cuyos cuerpos son desaparecidos posteriormente.

El informe del Centro de Memoria Histórica muestra contrastes entre las apropiaciones socioterritoriales de la población afrodescendiente y las dinámicas económicas, legales e ilegales que se desarrollan allí. Esboza, además, cómo un puerto en el que la presencia del Estado ha sido débil se ha configurado en lo que los afrobonaverenses denominan “un puerto que desconoce su comunidad”.