Sueños de mi niñez

  • Orquesta de instrumentos andinos Huellas de Caloto
  • Música y sonido
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  • Obra
  • Contexto

Los actores del conflicto armado han destruído las casas de los indígenas nasa con explosivos, han sembrado minas antipersonal en sus huertos y han convertido sus escuelas en trincheras.“¿Hasta cuándo los niños tenemos que pagar con nuestra vida?”, se pregunta una de las integrantes de la Orquesta de Instrumentos Andinos del Resguardo Huellas de Caloto, antes de empezar a cantar Sueños de mi niñez.

La Orquesta está conformada por niños y jóvenes provenientes de resguardos indígenas de Huellas, Tóez y López Adentro. Desde hace nueve años, se reúnen mensualmente en la vereda Casas Viejas para tocar las chirimías, las flautas, las quenas, los instrumentos de cuerda y los tambores. Crean canciones y poemas para los niños que no han sobrevivido a la barbarie.

Sus letras resaltan la sabiduría ancestral del pueblo nasa para transformar al país y recuerdan el poder que tiene la esperanza. Richard Escobar, un músico apasionado por los ritmos de la región Andina y la canción social latinoamericana, es el director de la Orquesta.  Según Escobar, los estudiantes no sólo aprenden música, también comparten tranquilamente sus sentimientos y sus sueños, hacen nuevas amistades y refuerzan las raíces culturales que la violencia les ha querido cortar.  

“El arte es el ejercicio y la columna vertebral que permite sensibilizar al niño para no castigar al hombre”, afirma con confianza Escobar. La Orquesta de Instrumentos Andinos del Resguardo Huellas de Caloto se imagina un futuro en el que los niños indígenas vivan y crezcan en paz.

El departamento del Cauca, al suroccidente del país, cuenta con gran número de población de la comunidad indígena nasa. Por cerca de cuarenta años, los nasa han estado en medio de una guerra que va en contra de sus creencias y su forma de concebir la vida. En medio del conflicto armado, han visto cómo sus territorios han sido invadidos por los grupos armados, campos minados, narcotráfico y enfrentamientos con la Fuerza Pública. Durante las cuatro décadas que van corridas de esa guerra que nos les pertenece, se ha podido obtener un promedio de un muerto cada tres días.

El Resguardo Indígena de Huellas de Caloto  ha denunciado en varias ocasiones  las amenazas y ataques de grupos armados así como las persecuciones de la Policía. Una de las masacres que han tenido que enfrentar ocurrió el 16 de diciembre de 1991, cuando un grupo de 12 paramilitares, junto a algunos miembros de la Policía Nacional de Santander de Quilichao, llegaron a la Hacienda El Nilo, ubicada en el corregimiento El Palo, del municipio de Caloto, Cauca. Según Rutas del Conflicto, los indígenas llevaban cuatro años viviendo en más de 500 hectáreas de la hacienda. Los nuevos dueños los llamaron para dialogar sobre su presencia en el lugar, pero terminaron asesinando a 21 indígenas de los 80 que asistieron.

Al otro día cinco mil indígenas ocuparon la Hacienda El Nilo y se quedaron permanentemente. En 1995 el Estado colombiano reconoció su responsabilidad en la matanza y en 1999 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado no había cumplido en la totalidad sus obligaciones, como garantizar derechos de reparación escritos en los acuerdos con los indígenas.