Plegaria Muda

  • Doris Salcedo
  • Obra
  • Contexto

Plegaria Muda es una instalación de 162 pares de mesas puestas una sobre la otra. Cada par está unido por una capa de concreto del color y de la textura de la tierra. Sobre las mesas crecen pequeños brotes de pasto. Durante varios meses, Doris Salcedo entrevistó a madres en búsqueda de sus hijos desaparecidos en la localidad de Soacha. Le inquietaba el duelo silencioso y la indiferencia de la sociedad colombiana ante la muerte de miles de jóvenes que fueron engañados y asesinados por miembros del ejército nacional para maquillar las cifras de guerrilleros dados de baja.

En esta obra, Salcedo enfrenta al espectador con una serie de objetos en fila que podrían verse como tumbas o como una gran fosa común. La apariencia rígida de las mesas hace contraste con el crecimiento permanente del pasto. La repetición y la monumentalidad de las mesas rechaza el olvido y la indiferencia y propone un lugar de contemplación para recordar a los jóvenes asesinados.

El escándalo por las ejecuciones extrajudiciales, más conocidas como ‘falsos positivos’ comenzó en el 2008, cuando alrededor de 21 jóvenes desaparecieron del sur de Bogotá y luego fueron reportados como miembros de grupos armados dados de baja. El origen de estos crímenes se relaciona con la presión por dar resultados inmediatos que exigía  la política de seguridad democrática. Según el Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, en el 2011 hubo 85 víctimas, mientras el 2012 dejó 20 casos más. En Colombia, actualmente hay alrededor de 2000 casos por ejecuciones extrajudiciales que están siendo investigados. Asimismo, hay varios condenados, que tendrán que pagar entre 25 y 60 años de cárcel por estos crímenes. Uno de los fallos más recientes se presentó en mayo del 2014, cuando cinco soldados fueron sentenciados a 43 años de prisión por el asesinato de un líder campesino en el 2008, que luego fue presentado como un guerrillero dado de baja.

Los ‘falsos positivos’ no han dejado como víctimas solamente a los asesinados, sino por supuesto a sus allegados. Las Madres de Soacha se ha consolidado como un movimiento que pide justicia al gobierno, y que comenzó al sur de Bogotá con las 17 madres que en el 2008 recibieron los cadáveres de sus hijos ejecutados.