Murales de San Carlos

  • 2018
  • Colectivo San Carlos
  • Artes visuales
  • Cultura
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  • Obra
  • Contexto

Hace aproximadamente 8 años, José López Rincón también conocido como Joselo, tuvo la idea de pintar murales en las paredes de San Carlos, Antioquia. Junto a su equipo o el Colectivo San Carlos, memoria de sueños y esperanzas, pintaron el edificio Punchiná, un lugar conocido por mucho tiempo como “la casa del terror”. En su interior ocurrieron masacres y torturas a manos de grupos paramilitares. En la actualidad funciona como el Centro de Acercamiento, Reconciliación y Reparación (CARE) y en sus muros construyeron de manera colectiva la imagen de una abuela bordando la bandera de San Carlos como metáfora de los ancestros tejedores de historias. Ese fue el primero de los más de 30 murales que se han hecho sobre distintas paredes de este pueblo.

“Hace años veíamos por la mirilla de la puerta cómo los grupos al margen de la ley hacían sus grafitis y escribían en las paredes sus arengas. Pensábamos que en algún momento podríamos transformar esos espacios, pero en medio del conflicto no lo hicimos porque nos podían asesinar”, explica José López, uno de los creador de la iniciativa.

El colectivo ha diseñado una metodología de trabajo que han llamado “los colores de mi alma”. Ésta consiste en conversar con los habitantes de la zona para conocer sus historias y sus recuerdos anteriores al conflicto. De ahí salen las ideas para los murales. El objetivo de este grupo de sancarlitanos es darle otro significado a los espacios que fueron escenarios de violencia durante el conflicto armado.

Como resultado de casi 30 años de violencia, alrededor de 25.000 personas abandonaron sus tierras en el municipio de San Carlos, Antioquia. Como sucedió en la mayoría del territorio nacional, en el oriente antioqueño, en donde está ubicado San Carlos, la acción paramilitar comenzó como una estrategia contrainsurgente, cuyo resultado fue la prolongación de la violencia y la vulneración de los derechos humanos que ya habían empezado las guerrillas.

Los habitantes de la región se vieron involucrados en la disputa por el control territorial sobre todo por parte de los grupos de autodefensas y las Farc. Un agravante de la situación es que en muchas ocasiones el abuso hacia la población civil se hacía con el apoyo de la Fuerza Pública.

San Carlos es el municipio en el que más masacres paramilitares han sido registradas. Esa realidad sembró el terror que resultó en el confiscamiento territorial: los grupos armados eran quienes detentaban el poder y dejaron impotente a cualquier autoridad legítima que quisiera defender los derechos de la población.