Mata que Dios perdona

  • Patricia Bravo
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Sobre tres fotografías de cielos rojos se superpone un listado que registra los datos de 4.675 personas asesinadas en la ciudad de Medellín en 1996. El espectador puede detallar el nombre, edad, hora, lugar, fecha y causa de la muerte de cada uno. En otro retablo que está sobre el piso, hay una fotografía de Patricia Bravo, la autora, mirando hacia arriba. Con esta obra Bravo enumera la fragilidad de la vida y la presencia inminente de la muerte en un conflicto armado. El cielo que comúnmente  se relaciona con la esperanza, el paraíso o el descanso,  se torna en esta obra denso, pesado y sangriento.

 

Medellín no ha escapado a la violencia que ha azotado al país. El primer pico de violencia surgió a finales de los años 70 y en la década siguiente ésta se alimentó del narcotráfico, lo causó un periodo de violencia indiscriminada. En los años 90, el caldo de cultivo generado por la confluencia de actores al margen de la ley, incluyendo grupos revolucionarios y paramilitares, milicias, delincuencia, el narcotráfico y las fuerzas estatales, llevaron a Medellín a ser considerada la ciudad más violenta del mundo. Ahora bien, mientras en 1991 las víctimas llegaron a 5,377 en los años 2001, 2002, 2012 y 2013 el número superó las 10,000. Esto quiere decir que durante los años 90 e incluso en la segunda década de los 2000, luego de la desmovilización paramilitar, Medellín mantuvo unas cifras de violencia altas. En el año 2014 la ciudad fue incluida en el ranking de las 50 ciudades más violentas, del que logró salir sólo en el año 2016.