Imágenes que se desdibujan en el tiempo

  • Esteban Peña
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La serie Imágenes que se desdibujan en el tiempo, parte de una serie anterior que su autor, Esteban Peña, llamó Imágenes que merecen ser borradas (2006-2008). En ese primer proyecto, Peña usó borrador de nata molido para dibujar con aguda precisión cinco explosiones de bombas atómicas y uno de los ángulos del Palacio de Justicia en llamas, tras la toma y la retoma en 1985. El proyecto Imágenes que merecen ser borradas, recupera algunos procedimientos y técnicas pero parte de dieciséis imágenes icónicas de la historia colombiana.

Además de las migas del borrador, Peña usa cenizas y sal para representar las fotografías escogidas y registra esos procesos en dieciséis vídeos. Cada proceso registrado evidencia la delicadeza y la concentración; recuerda al proceso de un monje budista en la creación de un mandala, especialmente al final, cuando decide borrar la imagen. “Después de varias horas de trabajo, el borramiento también hace que a esa imagen, la podamos superar”, afirma Peña en el documental Imágenes que se desdibujan en el tiempo, dirigido por Andrés Borda.

Para Peña, usar migas de borrador como técnica es una forma de pensar la ausencia, lo que hemos olvidado colectivamente. Las cenizas evocan la ruina, lo que queda tras el evento violento. La sal, usada antiguamente para curar heridas de guerra, puede ser vista en estas imágenes como la reconciliación.

Las consecuencias que ha dejado el conflicto armado colombiano son difíciles de medir. Sin embargo, se calcula que de 1985 al 2012 el saldo de personas asesinadas asciende a más de 220.000, de las cuales el 80% han sido civiles. Sin embargo, el desarrollo del conflicto no ha sido nunca uniforme, temporal ni regional. Durante la década de 1980 y principios de 1990 la crudeza de la guerra creció por cuenta de los carteles de la droga.

Una vez Pablo Escobar fue dado de baja, el negocio del narcotráfico quedó en manos de las guerrillas y los paramilitares, lo que contribuyó a que se encendiera el conflicto entre grupos armados desde 1996 al 2005. En total, una tercera parte de los municipios del país ha vivido de cerca la realidad de la guerra, pero sobre todo en la áreas rurales.

Casi cuatro años duraron las negociaciones para la terminación del conflicto entre el Gobierno y las FARC, la guerrilla más antigua de Colombia y de América Latina. En correspondencia con las lecciones aprendidas de procesos de paz como el de Guatemala (1996), El Salvador (1992) o Irlanda del Norte (1998), se reconoció la necesidad de involucrar a las víctimas en las negociaciones.

La aprobación del Acuerdo de Paz, el primer brochazo de un largo camino hacia la desmovilización, se convirtió en un eje de polarización de la sociedad colombiana. Durante la primera parte del 2016 se vivió una etapa de gran incertidumbre frente al proceso. Cuando finalmente se llevó a las urnas para su aprobación y legitimación popular el 2 de octubre, éste fue rechazado por un margen de tan solo 0.5%.