Huerta casera

  • 2003
  • Milena Bonilla
  • Artes visuales
  • Obra
  • Contexto

Sembradas en una serie de empaques comerciales como los de las Zucaritas, la lata de Nescafé, la bolsa de Fab, las latas de Coca-Cola, de Milo o las de Nestea crecen plantas de maíz, de café, de lavanda, de coca, de cacao y de té respectivamente. Con este tipo de materas, usadas popularmente en el campo colombiano, Milena Bonilla reflexiona sobre el rol de los países latinoamericanos en la economía global y en su identidad. En una entrevista con Iván Ordóñez, Bonilla dijo al respecto de esta obra: “(…) la reparación no la tuve como tan clara en ese momento y nunca lo quise mirar desde ahí, pero tiene que ver con lo precario: es algo que está dañado y que sencillamente hay una forma muy elemental de solucionarlo. Ese fue como el primer impulso. De ahí, si usted mira el resto de los proyectos, en ellos se toca de una manera muy directa. En el proyecto de la Huerta casera se ve porque son relaciones de consumo, relaciones entre poderes que se articulan de manera distinta. La naturaleza por un lado y por el otro el marketing , las corporaciones que son las que producen estas tensiones alimentarias y simbólicas, por ponerlo en esos términos.”

A principios de los años 80, el narcotráfico se estableció como una forma de financiación para incrementar el poder y la autoridad sobre el territorio. Desde entonces, los principales afectados han sido los campesinos quienes han tenido que salir desplazados de sus territorios tras las invasiones de grupos guerrilleros y paramilitares.

En zonas como el Urabá han podido comprobarse alianzas entre los grandes terratenientes, industriales y hasta funcionarios de entidades del Estado con grupos armados ilegales para despojar a los campesinos de sus tierras.

Tras la intensificación de los cultivos de amapola y coca, en 1999 el gobierno colombiano llegó a un acuerdo con Estados Unidos para la erradicación de las plantaciones por medio de fumigaciones. Estas acciones no sólo han afectado la salud de los pobladores de las zonas rurales, también han destruido  cultivos legales que son el sustento de muchas familias campesinas.