Fusiles de madera

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Fusiles de madera es un documental etnográfico sobre la formación de nuevos guerrilleros en el ELN. Fue parte del trabajo de grado de Carlos Cárdenas y Carlos Duarte como antropólogos de la Universidad Nacional de Colombia. Cárdenas y Duarte se fueron a un campamento en el monte y acompañaron lo que allá se conoce como “escuela de combatientes”: un espacio de formación ideológica y militar.

“Uno llega a la organización con unos ideales pero no tiene claro hacia dónde es”, dice un comandante. El documental muestra cómo poco a poco les indican a los guerrilleros novatos cuál es el camino para pasar de los fusiles tallados en madera a la guerra de verdad. La mayoría de entrevistas que aparecen en el documental fueron realizadas por guerrilleros, a partir de los talleres propuestos por los realizadores.

En las entrevistas, a veces parece que la formación guerrillera trata de cortarles su individualidad. Todos hablan con las mismas palabras, como “derrotar a la oligarquía” o “debilitar al enemigo”, marchan idénticos, cantan, dibujan y escriben sobre la revolución, y dicen cosas como “amo a la guerra igual que a mis hijos”. Otras veces, sin embargo, exhiben sus sentimientos: dicen que no quieren estar huyendo siempre, hablan de sus proyectos para vivir en la ciudad y reconocen su miedo a una muerte indigna.

El Ejército de Liberación Nacional nació en San Vicente de Chucurí, Santander, en 1964 con raíces en tres sectores: universitarios e intelectuales, católicos reformistas y organizaciones sociales rurales. Durante años fue la guerrilla más poderosa del país. En parte, eso lo logró a punta de extorsiones a la industria petrolera, que pagaba para que no atentaran contra los oleoductos.

En Fusiles de madera un comandante explica que las escuelas de combatientes empezaron a principios de los años ochenta. Se calcula que, entre finales de esa década y principios de los noventa, el ELN llegó a tener alrededor de 10 mil integrantes, con unos 4 mil en armas, pues a diferencia de las FARC su poder está más en sus bases sociales que en lo militar. El ELN, como otras guerrillas, aprovechó los lugares con presencia débil del Estado para nutrir sus filas.

El crecimiento acelerado del ELN hizo que fueran más rígidos a la hora de reclutar y entrenar. Según Una guerra sin edad, un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (2018), con el ánimo de fortalecerse, el ELN sumó un 10% de los 16.879 niños, niñas y adolescentes reclutados en Colombia durante el conflicto armado. El auge de esa guerrilla, sin embargo, se detuvo por su desarticulación interna y la llegada de los paramilitares: esa guerrilla pasó de cometer 774 acciones en el 2000 a 101 en el 2006.

Aunque cifras del Gobierno dicen que hoy no tienen más de 2 mil integrantes, el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica explica que el reclutamiento persiste en zonas de presencia histórica y en nuevas áreas de consolidación, donde “demuestran su capacidad de renovarse y suplir las bajas y la deserción”.