El territorio no está en venta

  • María Buenventura
  • Artes visuales
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El territorio no está en venta es un proceso de reflexión e investigación con habitantes, pensadores y líderes comunitarios de la zona rural de Usme. Es una instalación hecha a partir de montones de decretos de expropiación de tierras, tras el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá que declaró como zonas de expansión urbana las tierras de cultivo y vivienda de miles de campesinos.

La transformación violenta del territorio y el desplazamiento forzado están presentes en esos documentos que Buenaventura apiló sobre el piso. También registran momentos en que los campesinos han protestado y se han organizado para exigir que se reconozca una zona de reserva agrícola y forestal. Estas luchas se manifiestan en las plantas que nacen y crecen, atravesando el papel.

Buenaventura escribió sobre esta obra: “A partir de los 6 decretos que, desde el 2000 hasta el 2010, han caído en este lugar, con sus órdenes de construcción de 53.000 viviendas de interés social sobre tierras cultivables y sobre uno de los hallazgos arqueológicos más grandes de Latinoamérica y, en contraposición a la norma escrita, la visión de la comunidad y de los mismos habitantes de estas nuevas viviendas, se alza, apenas sobre el suelo, este espacio de exposición”.

Usme es una de las 20 localidades del distrito capital, que cuenta con un área  urbana y una extensa zona rural. Esta es la puerta de ingreso al páramo de Sumapaz y cuenta con una gran riqueza ecosistémica e hídrica. Este territorio agrícola acoge un gran hallazgo arqueológico con restos y huellas de la cultura Muisca prehispánica.

En 2000, el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá (POT), declaró como zonas de expansión urbana las tierras de las veredas El Uval y La Requilina, que colindan con distintos barrios de Usme. Según los decretos que han seguido al POT, estos terrenos son aptos para la construcción de 53.000 viviendas de Interés Social, un proyecto llamado Operación Estratégica Nuevo Usme que fue asumido por la empresa estatal Metrovivienda.

Desde entonces, los campesinos de Usme se han opuesto a la venta y urbanización de sus lotes. Han propuesto seguir sembrando y hacer un pacto de bordes entre el campo y la ciudad que garantice la supervivencia de su identidad cultural y sus modos de producción.