Caja negra, un aspecto de la violencia y Bandera de plomo

  • 2017
  • Leonel Castañeda
  • Artes visuales
  • Instalación
  • Obra
  • Contexto

Fotografías de Óscar Monsalve

Dentro de un contenedor de metal, estrecho y oscuro, Caja negra, un aspecto de la violencia propone una revisión de algunas imágenes y textos de la primera edición del libro Un aspecto de la violencia del abogado Alonso Moncada, publicado en 1963. El libro tiene nueve capítulos ilustrados con fotografías de cuerpos mutilados, violentados y sin identidad e incluye testimonios, noticias, listados de muertos, cronologías y autores. Leonel Castañeda se centró en el primer capítulo  En ediciones posteriores del libro, las imágenes de violencia desaparecieron.

El espectador que entra a este contenedor, o dispositivo de memoria, se encuentra con la proyección de un vídeo de algunos textos e  imágenes de este libro. También hay un pequeño dispositivo en la pared por el que se ven fotografías en blanco y negro junto a una toma aérea del Centro de Memoria Paz y Reconciliación de Bogotá, lugar donde se encuentra instalada la Bandera de plomo desde el 2016. La banda sonora es el dramático himno nacional interpretado por Tito Schipa.

Caja negra, un aspecto de la violencia y Bandera de plomo se realizaron paralelamente y reflexionan sobre la historia nacional “en términos de vulnerabilidad, dolor, silencio y memoria desde mi perspectiva como artista”, escribió su autor, Leonel Castañeda. Ambos proyectos se inscriben en el contexto del Plebiscito por la Paz, rechazado por la mayoría de los colombianos el 2 de octubre de 2016.

Bandera de plomo fue desarrollada en el proyecto RE:BANDERA de la Fundación Más Arte Más Acción, con motivo de la conmemoración de los 500 años del libro Utopía de Tomás Moro.

 

Las consecuencias que ha dejado el conflicto armado colombiano son difíciles de medir. Sin embargo, se calcula que de 1985 al 2012 el saldo de personas asesinadas asciende a más de 220.000, de las cuales el 80% han sido civiles. Sin embargo, el desarrollo del conflicto no ha sido nunca uniforme, temporal ni regional. Durante la década de 1980 y principios de 1990 la crudeza de la guerra creció por cuenta de los carteles de la droga. Una vez Pablo Escobar fue dado de baja, el negocio del narcotráfico quedó en manos de las guerrillas y los paramilitares, lo que contribuyó a que se encendiera el conflicto entre grupos armados desde 1996 al 2005. En total, una tercera parte de los municipios del país ha vivido de cerca la realidad de la guerra, pero sobre todo en la áreas rurales.

Casi cuatro años duraron las negociaciones para la terminación del conflicto entre el Gobierno y las FARC, la guerrilla más antigua de Colombia y de América Latina. En correspondencia con las lecciones aprendidas de procesos de paz como el de Guatemala (1996), El Salvador (1992) o Irlanda del Norte (1998), se reconoció la necesidad de involucrar a las víctimas en las negociaciones.

La aprobación del Acuerdo de Paz, el primer brochazo de un largo camino hacia la desmovilización, se convirtió en un eje de polarización de la sociedad colombiana. Durante la primera parte del 2016 se vivió una etapa de gran incertidumbre frente al proceso. Cuando finalmente se llevó a las urnas para su aprobación y legitimación popular el 2 de octubre, éste fue rechazado por un margen de tan solo 0.5%.