Una ciudad para el Museo

Desde que empezó a germinar la idea del Museo de Memoria Histórica de Colombia, uno de los puntos álgidos de discusión fue si el edificio debía estar en Bogotá. En el encuentro nacional del proyecto Voces de la Memoria, en 2015, un líder de víctimas del Meta dijo que, aunque la pretensión del Museo era descentralizar la memoria y las versiones del conflicto, construirlo en Bogotá era centralizarlas.

Otras opiniones, en cambio, apoyaron la articulación y visibilización del trabajo de creación de las iniciativas de memoria regionales en Bogotá. Durante la Cumbre Mundial de Arte y Cultura por la Paz de Colombia, en 2015, un líder de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo, Valle del Cauca, aseguró que la localización del Museo en Bogotá implicaba que la capital se convertiría en una extensión de Trujillo.

El mismo líder dijo que quienes pudieran asistir al Museo también estarían dignificando la memoria de las víctimas de Trujillo, allá donde existe el Parque Monumento de Trujillo, un homenaje a los cientos de asesinados y desplazados que dejó la unión entre narcotraficantes y agentes del Estado durante finales de los 80 y comienzos de los 90.

A grandes rasgos la discusión tenía dos perspectivas. Una era que hacer el Museo en Bogotá permitiría mostrar lo ocurrido durante el conflicto de manera amplia, y que también sería un reconocimiento a los esfuerzos de las víctimas en todo el país que han ejecutado el ejercicio de la memoria de forma independiente en sus lugares de origen. Pero respecto a eso hubo disenso.

Del otro lado se preguntaban por qué hacer un museo en la capital, donde la mayoría de las personas no vivieron ni están conscientes de la magnitud del conflicto armado, o al menos no de la misma forma que en las regiones realmente golpeadas por la guerra.

La respuesta, en efecto, desprende de esa misma reflexión. Además, la capital articula de manera masiva la salida y la llegada de gente de otras regiones y otros países. Es un lugar accesible para el resto de colombianos y extranjeros. La construcción del Museo de la Memoria Histórica de Colombia en Bogotá tiene sentido si las memorias e iniciativas comunitarias son conocidas por una nutrida sociedad urbana.

El dolor y la resistencia de las víctimas empezarán a existir para quienes por distintas razones no conocen la realidad de un país lastimado por dentro. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, el conflicto armado en el país dejó 8 millones de víctimas directas e indirectas de la violencia, más de 200 mil asesinatos en 30 años, 83 mil desaparecidos forzadamente, más de 27 mil víctimas de secuestro y casi 2 mil masacres por parte de todos los actores.

El Museo es una apuesta para que Bogotá conozca al país rural, para que los sectores sociales marginados históricamente estén representados en un lugar común, donde sus demandas y actos de resistencia pueden tener más visibilidad. Además, es un objetivo del Museo mantener su apoyo a los lugares e iniciativas de memoria en las regiones.

La construcción del Museo implica también que, ante la dificultad de iniciar este proyecto en medio de un conflicto armado inconcluso, se logre fortalecer la memoria colectiva sobre los hechos desarrollados en la historia reciente de la violencia en Colombia.

Todo lo anterior va encaminado hacia un objetivo mayor: lograr que mediante su función esclarecedora (asignar responsabilidades a quien corresponda), su función comunicativa (transmitir mensajes a distintos públicos mediante recursos variados) y su función de preservación (fortalecer las iniciativas de memoria y resistencia de las víctimas y sus comunidades), se cultiven las garantías de no repetición, que la violencia ya no sea un medio legítimo para imponer una posición.