Agua

El agua personifica las conexiones y la integración de los procesos vivos como elemento dador de vida

Autora: Pilar Riaño-Alcalá. Coautores: Cristina Lleras, Lorena Luengas, Luis Carlos Manjarrés y Martha Nubia Bello.

Año tras año, los habitantes de la vereda La Esperanza (Carmen de Viboral) marchan por carretera y arrojan flores a los ríos donde fueron asesinados y arrojados 17 campesinos por el grupo paramilitar comandado por Ramón Isaza
Grupo de Memoria Histórica (GMH), 2009

Si le sacaran el agua al río Magdalena, encontrarían el cementerio más grande del país
Éver Velosa, alias ‘H.H’, Revista Semana, 2007

… Gobernar el agua, sabemos desde tiempos míticos, es una pretensión ilusa; es ella la que nos gobierna.
Colombia Anfibia, 2015

Una cualidad del agua es la posibilidad de tomar la forma de su contenedor. Simultáneamente, el agua tiene la fuerza y capacidad de darles forma a las cuencas y superficies terrestres por las que circula y de conectar territorios, pueblos y puntos distantes de la geografía. El agua es recurso y sustancia que pone en contacto tierras, territorios, cuerpos y seres vivos. Mares, puertos, cuencas, ríos y ciénagas, en puntos tan diversos de país como el Caribe, el Pacífico, el Magdalena Medio, el Cauca, el Amazonas o los Llanos orientales, son epicentro de vida y cultura, lugares en los que comunidades ribereñas, marítimas y de pescadores se encuentran en sus orillas o navegan sus corrientes para recrear sus prácticas culturales, intercambiar y organizar la vida cotidiana. Los cuerpos de agua son dadores de vida, lugares de encuentro, rutas de transporte, marcadores de fronteras y redes que conectan a los seres vivos y la reproducción de numerosas especies y mundos de vida.

Para muchas personas, el agua personifica las conexiones y la integración de los procesos vivos. Es el elemento dador de vida que permite la producción y la reproducción de todos los procesos de vida y es una sustancia que se asocia con el sentido de comunidad y pertenencia (Jaramillo, Cortés y Flórez, 2015; Kraus and Strange, 2013). Para algunas comunidades, como las comunidades negras con asentamientos a lo largo del río Atrato, la cuenca del río es la que nombra su lugar de origen.

[Soy] Mama Cuama. Así me pusieron los del proceso de comunidades negras. Nací en el río Raposo, hija de una cajambreña y un indígena de Raposo porque ese río era solo de indígenas, hasta cuando llegamos nosotros los negros. Si la compañera me pregunta cómo contar de este puerto, le digo que tiene olor, sabor y color de niebla marina
CNMH, 2015

La característica del agua como conector se encuentra en los propios cuerpos en forma de sangre, en los territorios en forma ríos y en el planeta en forma de océanos. Partiendo de la analogía de los territorios como organismos, los cuerpos de agua actúan como el sistema circulatorio de estos organismos. El agua es el elemento común de la vida: todos somos en parte agua.

El entorno ribereño y marítimo, con sus cuerpos acuáticos de ríos, ciénagas y humedales, es lugar de encuentro, transformación y de gestación de vida y muerte, y permite el asentamiento humano. Ríos y mares tienen también la capacidad de generar destrucción a su paso. Históricamente, el mar con sus mareas, tormentas y corrientes ha sido concebido como un cuerpo indomable, un espacio hostil y salvaje y una de las principales fuentes de miedos sociales (Delumeau, 2001; Guerra, 2015).

En el Museo, el agua con su continuo movimiento y corrientes ofrece un conector narrativo y simbólico de los ejes cuerpo/persona y tierra/territorio. Cuerpos de agua como los ríos, afluentes y ciénagas conectan comunidades y guardan memorias para interrogarse sobre: ¿Qué le hace la guerra al agua y a los ríos?, ¿qué hacen los ríos en la guerra? y ¿cómo cuentan la guerra los ríos, las ciénagas y otros cuerpos de agua?

Este eje toma las características principales del agua como cuerpo y sustancia en movimiento con sus corrientes, flujos, recodos, remolinos y el entorno biodiverso en que circula para dar cuenta de la historia dinámica y cambiante del conflicto armado en Colombia, sus transformaciones e interconexiones. El río, como articulador de territorios, permite explorar los mapas cambiantes de la guerra, con sus vicisitudes, dinámicas y ritmos a través del tiempo. Permite también rastrear las pulsiones constantes que caracterizan al agua, entre vida y muerte, entre creación y destrucción (inundaciones, tormentas, tsunamis), para comunicar sobre las múltiples violencias y los proyectos de defensa de la vida, por la dignidad y resistencia que tienen lugar durante el conflicto armado (Martin, 2014).

Canales y espacios acuáticos en la guerra

Dentro de las características del agua también se encuentra que es receptora y transportadora de lo que le ofrecen. Las corrientes fluviales arrastran lo que llegue a sus orillas, reciben los cuerpos y objetos atascados en los remolinos que las aguas generan y los que han sido arrojados de manera sistemática en sus aguas, llevándolos consigo, en ocasiones dejándolos ver en su recorrido y a veces depositándolos en otro lugar de la geografía.

 La historia del país se teje tanto por la guerra y las violencias como por las iniciativas de paz, las resistencias, las reformas políticas, los procesos de paz y las instituciones de paz.

Durante más de cinco décadas del conflicto armado en Colombia, los cuerpos de agua se convirtieron en receptores y testigos de actos de violencia como las desapariciones, el despojo de cuerpos en sus cauces, de los intentos por ahogar o dejar sin rastro los actos atroces que se ejecutan sobre cuerpos y el patrimonio material de las personas. Desde 1980, el cálculo aproximado es que más de 3.000 personas desaparecidas fueron arrojadas a ríos y afluentes del Cauca, el Magdalena o el Atrato, entre otros ríos que constituyen para muchas áreas y comunidades del país la única vía de acceso al territorio (CNMH, 2017; Roca, 2014). Las profundidades del mar y de los ríos se convierten en cementerio o acuafosa y en contenedores de los objetos o partes de cuerpos que de manera obstinada guardan la memoria de lo acontecido.

Me decía mi papá que en los años sesenta fue muy fuerte, que mataron mucha gente. Era claro el límite del río: para un lado eran los conservadores y pa’l otro los liberales. Entonces ellos tenían unos límites y el que se salía de acá, lo mataban, y el que se metía para este lado, pues también (CNMH, 2012)
Entrevista con mujer adulta. Medellín del Ariari, 2012

El río, que es la vida de uno acá, el río para nosotros ahora está muerto… Solo lo utilizamos para transportarnos y no para saciar los deseos como bañarse, pescar, lavar los platos, cepillar la ropa, que uno bajaba y lavaba su ropa y se sentía bien encontrarse con las otras mujeres… Eso uno se iba a lavar y nos poníamos 5, 6, 7 mujeres y lavábamos ese ropero [es decir, mucha ropa], ¡y eso era una felicidad! La una cantaba, la una echaba un verso, la otra echaba un chiste… todas esas cosas ya se acabaron… Por eso digo que ya lo de nosotras se acabó, ¿no creen? No tenemos nada  (Grupo de Memoria Histórica (GMH), 2010c).
Mujer adulta, habitante de Bellavista. Entrevista

Como medios de acceso a las comunidades, estos espacios acuáticos también han sido escenario de puestos de control de grupos paramilitares, guerrillas o de las fuerzas armadas, que permiten o prohíben el acceso de bienes, alimentos y personas a las comunidades y territorios. Lo que pasa por su cauce se registra en la memoria y en los relatos de los pobladores de la región, para quienes los ríos o ciénagas son núcleos de sus interacciones cotidianas, epicentros de sus practicas culturales y medios de movilidad: aquello que no se ve, pero se sabe que está ahí, como las manchas de sangre que quedaron en la Ciénaga Grande de Santa Marta después de que en la masacre de Nueva Venecia los paramilitares arrojaran los cuerpos con objetos pesados a la ciénaga. Por estos cuerpos de agua han huido miles de personas desterradas a causa del conflicto armado, no solo hacia otros lugares de la geografía nacional sino también cruzando fronteras acuáticas y territoriales para llegar al exilio en un país extranjero.

Los costos de la guerra son muy altos y los daños que ocasionan son inmensurables.

Durante la guerra en Colombia canales y cuerpos de agua, en particular los ríos, se volvieron agentes conectores de la destrucción, pero también fueron escenario y canal de las luchas por la sobrevivencia y la resistencia a la violencia: a) como ejes de los mundos de vida de comunidades de pescadores, campesinas, indígenas y negras, quienes también lucharon por salvaguardarlos y mantener sus usos y relaciones con estos cuerpos de agua, b) como medio de transporte de los actores de guerra y lugar para controlar y establecer restricciones a las comunidades que por siglos los habían circulado con libertad, c) como  repositorios de deshechos y como tumbas anónimas de miles de los desaparecidos de la guerra y d) como conectores y medios en lo que se construyen y movilizan proyectos e iniciativas para la defensa de estos cuerpos de agua y la resistencia colectiva.

Los daños ambientales y culturales, el envenenamiento físico y simbólico ocasionado por la guerra sobre estos cuerpos de agua, pueden rastrearse en los impactos sobre fuentes de agua, ciénagas y en las aguas de ríos, quebradas y acueductos contaminadas por las explosiones de oleoductos,[1] las fumigaciones aéreas, la minería informal, y los cuerpos vertidos en sus aguas (Andrade, 2004). Puede también verse en el despojo de las ciénagas en la Costa Caribe, a través de la desviación de las fuentes fluviales de agua dulce que se vierte en esta, y por lo que se causan nuevos desplazamientos y se rompe el estrecho vínculo de las comunidades que aquí habitan con su entorno acuático y territorial.  Por último, estos pueden verse también en la amenaza a la seguridad alimentaria de poblaciones, a quienes los grupos armados ilegales les restringieron el acceso de alimentos o les prohibieron usos y tareas cotidianas en ríos y afluentes. De esta manera, cuerpos de agua como el río y la ciénaga, y por supuesto las comunidades que los habitan, han sufrido también el despojo del agua, que permite su uso privado (cuando se trata de un bien público), y la apropiación de las tierras que quedan una vez se ha secado el humedal. El río o la ciénaga, como recurso natural o medio de comunicación, también son recursos en disputa y dan cuenta de la dimensión ambiental del conflicto (Andrade, 2004).

A este puerto ha llegado todo el mundo: los cajambreños, los raposeños, los de Yurumanguí, los nayeros, algunos del San Juan, del Chocó, de Tumaco, de Guapí, de Timbiquí, y ahora último muchos paisas, casi todos tienen que ver con Buenaventura. (…) Para los porteños y los de los ríos, el territorio está con el mar. No solo es la tierra que la gente pisa, sino también la marea que le moja los pies. Hay una compañera de aquí del Lleras que dice que si no siente en las mañanas la marea no sabe que está viva. En el mar está el marisco, la piangua y el pescao. El mar tiene su propia vida, sus espíritus. En mi tiempo, nosotros conocíamos del duende, el riviel y la sirena (…) (CNMH, 2015h)

La Sentencia T-622 de 2016, que reconoció al río Atrato, su cuenca y afluentes como sujetos de derechos, establece un importante marco para entender al río como víctima y el impacto que procesos de explotación forestal y minería ilegal, desarrollados en el trasfondo del conflicto armado, han tenido sobre los cuerpos de agua. Esa sentencia permite ahondar en la coincidencia entre las geografías y territorios más afectados por la guerra y el desarrollo de megaproyectos y prácticas de minería ilegal que producen graves efectos de contaminación con sustancias como el mercurio. Como anotan Ximena González y Viviana González (2017), la minería ilegal en la economía de guerra en Colombia se constituye en una importante fuente de ingreso para los grupos armados ilegales, ya sea a través de su asociación directa con el negocio, mediante el cobro de vacunas o el asocio con los empresarios de la minería ilegal.

La sentencia de la Corte no tiene precedentes legales en el país o en el continente y tiene grandes repercusiones en la manera como concebimos a estos cuerpos de agua y su interrelación con las personas y territorios. Conlleva a reconocer la vitalidad y agencia del agua en la creación y mantenimiento de la biodiversidad, y también el impacto devastador en lo material, espiritual y simbólico que han tenido sobre ella los daños ocasionados por la guerra.

La sentencia es novedosa
Y nos reta en verdad
Para que lo que ordena
Se pueda implementar
Por ahí dice la Corte
Pa’entenderlo uno ahí mismo
Que en Chocó hay institución
Solo pal extractivismo
El mercurio contamina
Humedales y afluentes
Afectando hasta la vida
Y también el medio ambiente
Extracto de las Coplas a la Sentencia del río Atrato. Vicario Afro de la Diócesis de Quibdó y miembro de Cocomopoca.

Como dador y receptor, capaz de dar vida, potenciar, movilizar, dinamizar, desvanecer, desaparecer y transformar, el agua puede contar sobre los encuentros y prácticas de defensa de la vida, cuidado y protección de los muertos, de las rutas y recorridos de los movimientos por la paz, por la búsqueda de las personas desaparecidas y por la dignificación de la memoria de las víctimas y el retorno a los territorios. Las orillas de los ríos han sido escenario de encuentros que estructuraron formas de organización política, como en el caso de los Procesos de Comunidades Negras (PCN) o los del Concejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA).

Yo no podía dejar que esos cuerpos se los llevara el río, yo sabía que detrás había una madre o una esposa llorando que tal vez vendría a recogerlo para darle como en el 94. Los “muchachos” nos dijeron que nos reuniéramos pa’ alegar por nuestra tierra, pa’ hacer reunión y hacer los papeles. Yo ya sabía esa parte porque el Padre nos lo había dicho en la reunión, allá en el Naya. Yo dije: “esto es serio, y si no nos ponemos de acuerdo verán, hasta que ya cuando nosotros llegamos a Raposo” (…) Eso era dele por aquí, dele por allá, nos fuimos pa´ Puerto Tejada, nos íbamos pa’ Naya, a Mangüí, pa’ Raposo, pa’ Mayorquí, pa’ Yurumanguí, no parábamos. Hermanita, cuando hicieron la primera asamblea en el río Buenaventura, un puerto sin comunidad, Raposo, luego unos se fueron pa’ Bogotá, otros se fueron pa’ Tumaco, y así se fueron repartiendo la gente a hacer reuniones, hasta que ahora sí, hicimos el cabildo y ahí sí ya salió la cosa del título colectivo (…) (CNMH, 2015h).  

Trayectoria de vida de mujer, Agosto de 2013

Los muchachos, como les decían (…) a quienes poco tiempo después se denominaron Proceso de Comunidades Negras (…) “empezaron a caminar sus ríos, a visitar las orillas y con ello a preguntarnos sobre el territorio” (…) hicimos la reunión, ya dijeron que nos reuniéramos en el río pa’ hacer comité, y de ahí empezó, que de reunión en reunión… (CNMH, 2015h).
Trayectoria de vida de mujer, agosto de 2013

El agua, como eje temático, ilustra no solo la desaparición, la muerte y el olvido, sino que muestra también los esfuerzos de muchas personas por resistir, por recuperar y ofrecer un lugar digno de sepultura, un nombre y un ritual a los cuerpos que fueron arrojados al río. También por proponer alternativas de vida que transforman las dinámicas de la guerra en el territorio.

 

  • El agua que narra...

    • Lorena Luengas
    • 2018
    • 28 pág.

    El agua que narra...

    El agua es uno de los personajes que narra el conflicto armado en la exposición Voces para transformar a Colombia. Cuenta cómo la desvían y la contaminan, cómo los armados usan la violencia para controlarla y afectan la cultura de sus habitantes, pero también cómo afrodescendientes, indígenas y mestizos resisten y convierten el dolor en vida. Lorena Luengas, curadora del eje agua de la exposición, escribe en este texto la historia reciente del río Atrato: desde los retenes, los toques de queda y los peces que dejaron de existir, hasta la fuerza de las iniciativas que lograron algo histórico: que la Corte Constitucional volviera al río un sujeto de derechos.

  • Vidas posibles con el Atrato

    • Natalia Quinceno Toro
    • 2018
    • 10 pág.

    Vidas posibles con el Atrato

    Hace dos años la Corte Constitucional reconoció al río Atrato como sujeto de derechos. Natalia Quiceno, del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, recuerda que los indígenas embera y las comunidades negras saben que el río habla desde antes de que la Corte lo dijera. Este texto es un recordatorio de que la dimensión del Atrato no empieza ni acaba en la sentencia. “Hacer familia, curar los males, despedir a los muertos y gestionar el territorio se hace en constante tránsito por esa red geo-histórica llamada Atrato”, escribe la autora, “saber vivir es saber embarcarse”.

  • Violencia, tierra, agua y convicción

    • Alejandro Camargo
    • 2018
    • 18 pág.

    Violencia, tierra, agua y convicción

    Hay lugares de Colombia, como la Depresión Momposina, donde la tierra y el agua no se excluyen. Allí los campesinos pescan, siembran y cazan. Del vínculo entre la tierra y el agua no solo depende su economía sino su forma de relacionarse con el espacio y de entender el bienestar. A partir de la historia de un pueblo a orillas del río San Jorge, en Sucre, Alejandro Camargo escribe sobre el despojo de la tierra y el agua y sobre las necesidades de las comunidades anfibias de gobernar su territorio y hacer uso de él.

  • Yuma

    • Carolina Caycedo
    • 2018
    • -

    Yuma

    Yuma es uno de los nombres ancestrales del río Magdalena. La artista Carolina Caycedo ilustra el mito del gigante Matambo y la princesa Mirtayú, dos amantes que fueron separados y se convirtieron en parte del paisaje del Huila. A un lado del río está el cerro de Matambo y frente a él hay dos lomas que representan los pechos de Mirtayú. Hoy Matambo no es solo mitología sino esperanza: los campesinos y pescadores de la región lo invocan como un símbolo de resistencia. Esta pieza tiene dos partes: la historia ilustrada y una narración en audio de la autora.